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27-10-2017 - OPINIÓN
El día después: los desafíos que nos quedan

Por Nahuel Mittelbach*.

El 22 de octubre le puso el broche a unos de los mejores actos de la democracia: las elecciones. Ya las campañas políticas terminaron y resultan de inútil relevancia cuando los números hablan. Ahora, queda lugar para los análisis, que malos, buenos, con o sin autocrítica, son necesarios para todos.
Esta humilde columna de opinión es una invitación al lector, para compartir un análisis de los hechos, algunos objetivos y otros subjetivos, pero dejando siempre pendiente el debate que todos nos merecemos si aspiramos a lograr los mejores resultados colectivos.
En Florentino Ameghino se dió un desenlace que es mínimamente sorpresivo si uno analiza los resultados electorales de nuestra joven historia institucional, que va desde la autonomía de 1991, hasta acá. Con triunfos contundentes del Partido Justicialista (PJ), que por periodos, superaban más del 65% de los votos, y gobiernos ininterrumpidos durante 24 años, nadie esperaría que alguien pudiese contrarrestar semejante aglomeración de poder, y mucho menos, consolidarse como nueva fuerza política mayoritaria.
Pero la sociedad no vive de la nostalgia, y avanza más rápido de lo que lleva interpretarla.
Objetivamente, el gran efecto declarativo se dio el domingo pasado. Cambiemos se impuso a nivel local con 3.267 votos (51,57%), sobre 2189 del PJ (34,55%), 758 de 1País (11,97%) y 121 del Frente de Izquierda (1,91%).
Aquí la sorpresa, por muchos esperada y por otros negada: En el año 2015, la polarización entre Cambiemos y el FPV (ahora PJ), arrojó una diferencia de tan solo 136 votos. En las PASO del 13 de agosto de este año, esa diferencia se estiró a 431 votos entre esas dos fuerzas (2646 para Cambiemos, 2215 para el PJ, y 918 para 1País). Finalmente, llegamos a las elecciones generales, y la sentencia final, deja un margen de 1078 votos, en favor de Cambiemos.
Si seguimos con el análisis de los resultados electorales de los últimos dos años, resulta lógico hablar de una fuerza política que logra consolidarse, no solo por los motivadores mayoritariamente “anti” o “en contra de”, de 2015, sino además por sus características propias, concretas y prometedoras.
A nivel municipal, el análisis numérico sobre los que eligen el pasado de 12 años de kirchnerismo, por sobre los que apuestan al futuro y acompañan el rumbo del gobierno, arroja un resultado aún más contundente. En la categoría de senadores, (en donde compitió CFK) a nivel local, Cambiemos obtuvo 3.325 votos (50,60%), sobre 1.200 de Unidad Ciudadana (15,52%).
¿Cómo es posible explicar que un frente diferente al que gobernó durante 24 años en Florentino Ameghino, pudiese no solo ganar las elecciones en 2015, sino también consolidarse como una fuerza política mayoritaria?
En el intento de responder este interrogante voy a desarrollar tres propuestas. La primera: El regreso de los valores al centro de la escena. La segunda: la mirada del presente y del futuro, por sobre la nostalgia de algo que ya pasó. La tercera: la coherencia de los actores.
Vayamos en orden.
Resulta innegable que la situación social, a toda escala, no ha sentido aún los resultados de una económica floreciente. Si bien existen acciones de los gobiernos nacional, provincial y municipal que buscan paliar la desigualdad social, -los servicios básicos (gas, agua potable y cloacas), construcción de escuelas, geriátricos, hogares de día, mejoramiento de hospitales, inversión en seguridad, la lucha contra las mafias etc.- tenemos como contracara de la moneda a la actividad económica, que generalmente repercute de manera más inmediata sobre las familias. El bolsillo aún sigue ajustado para la clase media y para las familias que perciben ayudas del Estado para cubrir las necesidades básicas. Esto no es ninguna novedad, y mucho menos lo es, en un país con un gobierno que heredó el 30% de sus habitantes en situación de pobreza.
Ahora bien, el resultado del domingo, arroja diversas certezas, claro que no todas ellas absolutas. La sociedad apuesta una vez más a la esperanza, con algunos resultados convincentes de la gestión, y queda a la espera de un futuro más prospero. En ese sentido, podemos considerar que la interpretación correcta, las actitudes y las decisiones consecuentes, fueron las que realizó Cambiemos desde 2015 hasta acá. Ya parecería que queda poco lugar para los que prometen sin escrúpulos, o los que critican sin propuestas, o los que creen que los votos que tuvieron en el pasado se transmiten matemáticamente. La política tradicional entró en jaque y el único frente que logra una vez más convalidar un resultado electoral es Cambiemos.
En ese orden de ideas, creo que parte del acompañamiento que tuvo Cambiemos en todos los niveles, tiene que ver con que los valores volvieron a estar en el centro de la escena. Parecería que los argentinos, y más particularmente los ameghinenses, podemos ir quitándonos mochilas prejuiciosas que supieron ponernos. Los “roban pero hacen”, o “prefiero que me lo regalen” o “yo no estoy de acuerdo, pero a mí me dieron” ya no son la expresión de la mayoría. Esto sin desmerecer a los que acompañaron y siguen acompañando por convicción.
Los valores como la honestidad, la transparencia, la templanza, y el dejar en el pasado las conductas soberbias, altaneras y los aprietes políticos, hacen sentir que la libertad real, empieza a ser un hecho. Los ameghinenses eligen a conciencia, y nunca más con métodos nefastos que pesen sobre las familias; en donde si no votas a tal, corre riesgo tu casa, tu pensión, tu subsidio y/o tu trabajo.
Por otro lado, la gestión a nivel municipal no se caracteriza por ser hermética. El intendente Calixto Tellechea logra demostrar que el carisma no solo pasa por ser un “mesías” del pueblo, como sucedió durante 24 años. El acompañamiento se logra también porque los errores -para algunos muchos y para otros pocos- en definitiva se reconocen, y cuando algún ciudadano en su derecho legítimo (incluso mediante un amparo judicial) pone en tela de juicio una decisión, el municipio se pone a deposición y no actúa de manera arbitraria. Por otro lado, la calidad de la gestión, con la puesta en marcha del sistema de salud, el desarrollo humano real y no clientelista, el mejoramiento de condiciones laborales de los trabajadores municipales, las obras en las localidades, la responsabilidad de gobierno, el trabajo en equipo con un gabinete capacitado, y la conformación de un espacio colmado de gente honesta y predispuesta, fueron determinantes al momento de elegir.
Cambiemos logra aglomerar buenas voluntades que se encolumnan detrás de luchas genuinas, necesarias y que muchos nos se animaron a dar, por complicidad u omisión. La gobernadora María Eugenia Vidal busca poner las cosas en su lugar después de 28 años de desidia, y la mayoría de los bonaerenses también acompañaron. En algún momento debía ser normal que el Estado provincial sea gobernado por los gobernantes electos, y no por las mafias, el narcotráfico y los corruptos. Que la provincia trabaje junto a los 135 municipios, y no solo para los amigos políticos. Que podamos ir a un hospital y seamos bien atendidos, que transitemos una ruta y nos sintamos seguros, o que los vecinos del conurbano recuperen la esperanza cuando las obras llegan.
Los valores volvieron a estar en el centro de la escena, y la esperanza de que las cosas se pueden hacer bien, están más vivas que nunca.

Continuando con la segunda propuesta, no existe ninguna organización política que sobreviva sin tener una mirada sobre el presente, ni sobre el futuro. Para lograr eso, deben existir propuestas, algunas inmediatas y concretas, y otras más progresivas. En definitiva, no tiene mayor rédito solo criticar lo que el otro hace, o hablar de lo que ya pasó, y mucho menos hacerlo con argumentos falaces. He escuchado y leído a dirigentes del PJ local, redundar sobre lo que se hizo, lo que se dió, los sueños que se cumplieron, etc. etc. (Aclaración válida: El gobierno, ocupa los lugares del Estado. El Estado tiene la obligación de garantizar los derechos que enumera la constitución nacional. Por ende, no se le puede agradecer toda la vida a alguien que cumplió con su obligación. Hay algunos dirigentes que así lo creen, y teóricamente esa creencia tiene un nombre: populismo.)
Negar los problemas, no debatir las posibles soluciones o decir que estaba todo bien antes de 2015 -en un país con el 30% de pobres-, a mí personalmente, me resulta insultante. Esconder la basura debajo de la alfombra no es una opción.
El gobierno de Cambiemos plantea temas que todos los actores sociales en conjunto debemos resolver. No esquiva las problemáticas, más bien las enfrenta, y eso también es una causal del resultado.
La sociedad necesita que la política se reivindique de una vez por todas y salga del pozo del descreimiento, que debata en serio, y que busque soluciones sostenibles en el tiempo que mejoren la calidad de vida de los vecinos y nos acerque a la igualdad real de oportunidades. Esa tarea no pueden resolverla solo los dirigentes actuales y de largas trayectorias. Como me gusta decir, somos los jóvenes (y también los de alma joven e inquieta), los que debemos ser la locomotora en esa búsqueda de propuestas del presente y del futuro. Apoyados sobre la experiencia de los que la han tenido, y nunca sobre el egoísmo ni la mezquindad.
Finalmente, para concluir con la tercer propuesta que busca responder al interrogante planteado: quedó demostrado en estas elecciones que nadie es dueño de nada. Ni de los votos, ni de las verdades. La coherencia en política, a mi entender, es un elemento que no pasa desapercibido. Es más bien, uno de los más importantes. No es sano en democracia que avalemos a políticos que saltan de un partido a otro, porque en definitiva, eso permite que triunfen los intereses personales por sobre los colectivos.
Los desafíos que siguen son enormes y profundos. No pueden ser resueltos por un solo sector, ni por un solo partido, ni por un solo gobierno. Ha llegado el momento de trabajar todos juntos.

(*) Nahuel Mittelbach. 23 años. Secretario de Hacienda de la Juventud Radical Buenos Aires y Estudiante de Derecho.







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