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29-08-2020 - HISTORIAS
La otra historia



Por Juan Mansilla.

El timbre sonó anunciando el final de la clase de geografía. Antes de retirarse del aula, la profesora, Teresa Saganías, nos pidió un mapa político y otro físico de Sudamérica para continuar con el desarrollo de la unidad la próxima semana. Tenía unos pesos en el bolsillo del guardapolvo blanco. Salí de la vieja escuela comercial "Edmundo Simonetti" y me dirigí al kiosco de "Capelo" en compañía de mi amigo el "nano".

"Capelo", además de un conocido comerciante, era un coleccionista e investigador acérrimo de la historia de Ameghino, nuestro pueblo. En verdad, era tildado de revisionista de la historia local por algunos pocos. La historiografía, o la historia oficial, no eran de su paladar. Prefería la historia que iba por la banquina, como solía decir él a los alumnos en las charlas que brindaba gratuitamente en las escuelas del distrito.

Entramos al interior del kiosco "Brasilia", así se llamaba comercialmente el lugar, no había clientes. "Capelo" estaba sentado detrás de un mostrador de madera observando con una lupa grande unas piedras que le habían traído de un campo cercano una semana atrás. Sara, la esposa del historiador revisionista aficionado, estaba acomodando la mercadería recién llegada de un centro de distribución. El "vasco" y Marcela, hermanos y empleados, nos atendieron con cordial amabilidad.

-Qué buscan Chicos- Nos preguntaron.

-Un mapa político y otro físico de Sudamérica- les respondió el "nano", mientras yo miraba de reojo las piedras de formas extrañas que manipulaba "Capelo" con mucho cuidado sobre el largo mostrador de madera.

En ese momento, un hombre alto con un sombrero y chaleco de cuero de color marrón ingresó al lugar, que estaba ubicado en el centro del pueblo, frente a la casa de repuestos de Don Dapruzzo. El hombre de elegante estampa traía consigo un portafolio en una de sus manos y un par de libros y mapas en la otra.

-¡No se puede cambiar la historia de un día para otro!- dijo el misterioso hombre de acento extranjero, mientras apoyaba el portafolio y los libros sobre el mostrador donde se encontraba trabajando "Capelo".

-Yo sólo investigo y no cambio nada- Le respondió el dueño de la casa con un tono amable, levantando a penas la mirada con una especie de mortero entres sus manos.

El "vasco" y Marcela se metieron adentro de una especie de archivo que había en el salón de ventas. Nosotros, con mi amigo, nos quedamos en silencio detrás de unas cartulinas y papeles afiches colgados en una estantería sin decir una palabra y siguiendo la apasionada discusión entre los hombres.

-Fue la llegada del Tren el nacimiento, o acaso también estás en desacuerdo con que Tetley y Clara fueron los primeros pobladores y fundadores del pueblo- Continúo diciendo el hombre que era un conocido estanciero de la zona pero pocas veces se lo veía por el pueblo.

-No niego eso, sólo digo que antes de la llegada del tren en estas tierras hubo un pueblo y que ellos son los primero pobladores- retrucó Capelo, mientras el "nano" me miraba con cara de asombro y agachando su cabeza detrás de las cartulinas para que nadie percatara nuestra presencia.

Según la historia oficial, Ameghino, nuestro pueblo, formó parte del sueño de un matrimonio de nacionalidad inglesa, James Cadwallader Tetley y Clara Carew Corry Smith, que por el año 1882 dedicaron parte de su tiempo a la ganadería en el virgen territorio del noroeste de la provincia de Buenos Aires tras la sangrienta conquista de estas pampas desoladas.

Los "Tetley" compraron quince mil hectáreas a Carlos Cernadas y Tomás Fair por aquel tiempo. El Matrimonio bautizó a su estancia con el nombre "la Chacra". Actualmente, conocida en el ambiente del golf, ya que posee una cancha donde se juegan algunos partidos importantes de aquel deporte.

Cuatro años más tarde, el 1 de noviembre de 1886 -esta fecha es considerada como el nacimiento de nuestra ciudad- llegó el primer tren a estas tierras desiertas. La estación se llamó Halsey. Entonces, El joven matrimonio Tetley subdividió las tierras de su propiedad y donó parte de ellas para la creación del pueblo que más tarde pasó a llamarse Ameghino, en honor a Florentino Ameghino, siempre según la historia oficial.

-Mire, después de todo no soy yo quien lo dice, es el equipo de arqueología que llegó a esa conclusión- Continuó la charla el apasionado investigador local ante la atenta mirada del misterioso hombre que levantaba más temperatura ante los embates dialecticos del kiosquero-historiador.

"Capelo" se refirió a una inundación que afectó toda la zona del noroeste de la provincia en 1990, provocando el desborde de una conocida laguna llamada "Salalé", ubicada en una de las estancias que más tierra supo ocupar del territorio de nuestro partido y de nombre homónimo a la laguna.

El desbordé del espejo de agua causó la aparición de restos humanos. El hecho despertó inmediatamente la inquietud de "Capelo" ni bien se anotició. La sospecha sobre pobladores antes de la llegada de aquel tren resurgió con fuerza en el hombre que repartía los diarios los domingos a la mañana en una vieja bicicleta.

Un equipo de arqueología de la Plata, capital de la provincia, comenzó con la investigación de rigor en el lugar donde sucedieron los hechos, tiempo después llegó a la conclusión de que se trataban de restos pertenecientes a un pueblo originario llamado Ancaló, que pobló estas tierras hace diez mil años atrás.

-¡Estos huesos y piedras sólo traen confusión a la población!- gritó el hombre de sombrero algo impaciente.

Como pudimos y sin que nadie se diera cuenta logramos salir a la vereda con mi amigo en medio del tenso debate. Me despedí del "nano" y me fui para mi casa. Cuando estaba cruzando las vías del tren con los mapas en la mano, miré la fachada de la estación y me entró una gran duda.

¿Fueron los "Tetley" con la llegada del primer tren o era aquel pueblo desconocido u ocultado por la historiografía llamado Ancaló, que significa médano redondo, los primeros pobladores de estas tierras? Aquel día no paré de dudar sobre el nacimiento de mi pueblo. Duda que provocó "Capelo" con aquella otra historia.

Dedicado a la memoria de Raúl Marcelo "Capelo" Berchi.







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