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12-05-2017 - MEDIOS Y COMUNICACIÓN
Hegemonía simbólica, el nuevo orden de la dominación global (Parte 1)


Luis Lázzaro, periodista y especialista en Educación, Lenguajes y Medios. Foto de archivo/InfoGEI

En una nota especial para IADE-RE, el periodista y especialista en Educación, Lenguajes y Medios, Luis Lázzaro*, realiza un profundo análisis sobre el nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Concentración, negocios y modelos culturales en tiempos de plataformas globales. Aquí la primera parte.

La Plata, 10 May (InfoGEI).- El Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación del siglo XXI no se parece en nada al NOMIC que postuló Sean Mac Bride hace casi 40 años con su famoso informe a la UNESCO: “Un solo mundo, voces múltiples”. En aquel célebre trabajo de intelectuales de todo el mundo se reclamaba equilibrio en la circulación de noticias y bienes culturales para mejorar las condiciones de vida de las sociedades. Las asimetrías que separaban al norte industrial con el sur en desarrollo se han convertido ahora en un abismo que pone en crisis las economías y las industrias culturales nacionales, amenazando arrasar con todo pluralismo y diversidad.
El lenguaje binario y sus algoritmos han tomado el control de la economía mundial y dirigen la circulación de bienes y servicios culturales a través de plataformas y aplicaciones propietarias con un flujo de sentido unidireccional que conduce a un pensamiento único. Es un nuevo orden mundial donde la hegemonía simbólica de la industria audiovisual estadounidense opera como agente retórico del mercado través de la pantalla global por satélite o descarga de streaming.
Atrás ha quedado la etapa de los medios masivos de comunicación que se correspondieron con la etapa industrial y las audiencias masivas; hoy se trata de cientos de millones de seres humanos individualizados mediante lo que las terminales de búsqueda conocen como huella o identidad digital.
La información global disponible hace ya dos años en la nube de internet superaba los 5 ZB (zetabites, cifras con 21 ceros) y su control define buena parte de la geopolítica planetaria.
Cultura globalizada
Han llegado hasta aquí a través de lo que Giles Lipovetsky y Serroy describen en La cultura-mundo (“Respuesta a una sociedad desorientada”), como “la cultura extendida del capitalismo, el individualismo y la tecnociencia, una cultura globalizada que estructura de modo radicalmente nuevo la relación de la persona consigo misma y con el mundo”. Esta cultura-mundo se ha convertido a su vez, en una gigantesca industria en sí misma y ha desafiado a la UNESCO a proponer caminos para proteger la diversidad cultural e informativa.
En 2005 aprobó para ello la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de Expresiones Culturales. La proclama destacó el valor cultural del signo antes que su cotización como mercancía en el mercado de la industria audiovisual pero no logró evitar la concentración y la circulación unidireccional de la cultura y la información. Desde su aprobación ha sido ratificada por 141 estados, entre ellos la Unión Europea y la Argentina.
En 2015, un nuevo informe mundial reveló que la Convención no produjo los resultados esperados ante los avances corporativos del mercado. Según el documento “Re|pensar las políticas culturales”, presentado en la UNESCO en diciembre de 2015, el paisaje cultural está signado ahora por la “concentración del poder de los gigantes de la red, explosión de las redes sociales, una revolución digital que transforma las modalidades de producción y difusión de bienes culturales”.
Tormenta perfecta
La suma entonces de la concentración de los medios de comunicación conjuntamente con la convergencia de servicios en dispositivos tecnológicos de uso individual ha creado la tormenta perfecta que amenaza la información, la música, la identidad cultural local y regional.
Según informes recientes del sector fonográfico, la estrella absoluta del nuevo siglo: el streaming creció un impactante 82,6 por ciento, y alcanzó un récord de 250 mil millones de reproducciones solamente en los Estados Unidos (Página 12 del 10/01/2017). Ya en 2015 el volumen de ventas digitales había superado a los discos y medios físicos en el acceso a contenidos en el mundo. Universal Music Group a la cabeza, seguido por Sony Music y Warner son los protagonistas del negocio. En el caso de la Argentina los mismos sellos, a los que se suma EMI-Odeon, encabezan los rankings de venta (Sinca 2012. Ministerio de Cultura. Elaboración propia en base a datos de CAPIF).
Nótese que los mismos sellos discográficos coinciden con las megaproductoras de films y de series de los Estados Unidos que también dominan el mercado de exhibición cinematográfica mundial -incluyendo el argentino- y, junto con los estudios Fox y Walt Disney, el de contenidos televisivos de ficción, deportes y noticias en plataformas lineales y a demanda.
Posición dominante
El dominio corporativo necesita también capturar los dispositivos. La Unión Europea acusa a Google de abusar de la posición dominante de su sistema operativo Android para dispositivos móviles. Google dice que se han descargado más de 50.000 millones de aplicaciones en su sistema operativo, algunas tan populares como Spotify, WhatsApp, Angry Birds, Instagram o Snapchat, lo que demuestra a su juicio "lo fácil que es para los consumidores utilizar las aplicaciones que les gustan".
Pero los reguladores antimonopolio de la Unión Europea dijeron que al pedir a los fabricantes de teléfonos móviles que preinstalen Google Search y el buscador Google Chrome, la firma estadounidense está negando a los consumidores una oferta más amplia de aplicaciones móviles y estancando la innovación. Europa inició una investigación en 2014, cuando comenzaron a circular los primeros rumores de acuerdos secretos entre fabricantes y Google, que obligaba a las compañías a incluir una carpeta en la vista inicial del teléfono con todas las aplicaciones de Google.
Google ya enfrenta acusaciones en la Unión Europea por la promoción de su servicio de compras en búsquedas en Internet a costa de sus rivales, en un caso que se arrastra desde fines de 2010.
En esa línea se inscribe también el debate europeo para enfrentar a Netflix, Amazon y los agregadores de contenidos Over The Top (OTT) que utilizan las plataformas digitales para vender servicios a los abonados de internet. Para ello proponen cuotas obligatorias de contenidos europeos, exhibición de películas locales en los catálogos de búsqueda y cobro de gravámenes para el fomento de las producciones nacionales.
Las dificultades que denuncian Europa, Canadá y otros países que no aceptan someter los bienes de la información y la cultura a los tratados de libre comercio o las reglas de la Organización Mundial de Comercio son las mismas que atraviesan el panorama en la Argentina y en América Latina en general. De hecho, el debate en la Argentina sobre la vigencia de los principios de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual -ahora cuestionados con el cambio gubernamental- nos remite en forma directa al vínculo entre los límites a la concentración mediática y las cuotas de contenido nacional, propio y local como ingredientes inseparables de las ideas de pluralismo informativo y diversidad cultural.

(*) Luis Lázzaro, además es Docente de Derecho de la Comunicación y la Información, en las Universidades de Avellaneda y Moreno y de TV Digital y Nuevas Plataforma, en la Universidad nacional de La Matanza. (InfoGEI)Jd







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