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14-03-2020 - DE MIS APUNTES
Nuestra flor nacional

Por Teresita Ceres de Arena.

Cuenta la leyenda, quizás muchos la conocerán, que a orillas del río Paraná vivía una indiecita llamada Anahí.

Llegaron los invasores de piel blanca y privaron a los indígenas de su tierra y libertad. Anahí fue llevada cautiva junto a otros indios.

Pasó muchos días llorando hasta que pudo escapar; un centinela pretendió detenerla, pero ella le clavó un cuchillo en el pecho.

Los españoles consiguieron encontrarla y la sentenciaron a muerte en la hoguera. A medida que el fuego subía Anahí se iba convirtiendo en árbol.

Al día siguiente, el árbol apareció con hermosas flores aterciopeladas de color rojo, como símbolo de valentía y fortaleza.

Así es como, según la narración, nació la flor del ceibo.

Este árbol está distribuido en toda Sudamérica en regiones cálidas. Su tallo es un tronco que da ramas con espinas que arman una copa sin forma.

Las hojas son brillantes y de un color verde oscuro, las flores son completas y dispuestas en racimos, el fruto es una legumbre seca y las semillas de forma cilíndrica son de color castaño.

Además de utilizarse como ornamento en parques y jardines, se extrae de las flores un colorante para teñir lana.

Puede medir entre cinco y ocho metros y con su madera, que es liviana, se hacen juguetes.

Esta es la rica historia del ceibo, nuestra flor nacional.

Teresita Ceres de Arena







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