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24-04-2017 - EN PRIMERA PERSONA
Capelo: el señor de las historias



(Segunda parte)

El pasado miércoles, El Ojo Ameghinense publicó la primera parte del testimonio de Raúl “Capelo” Berchi, el historiador y recopilador que, como él mismo dijo, le gusta ir “por la banquina de la historia”. En la primera entrega, Capelo repasó la historia de los restos hallados en la laguna de Salalé, cómo llegó a conseguir los testimonios, la recopilación de datos, y cómo se hizo de una gran cantidad de objetos de distintas épocas, que hoy luce en su espacio recientemente creado, un pequeño gran museo ubicado en la calle Enrique Violante, en pleno centro de Ameghino.
Contó momentos de sus propias vivencias, desde su niñez, sus épocas de estudiante y todo lo que lo llevó a convertirse en historiador.
Hoy, es el turno de nuevos segmentos del extenso relato. A continuación la palabra de Capelo.

FEDERICO MITTELBACH
Hay sables y bastones de mando que pertenecieron a Federico Mittelbach, en un homenaje que le hago a quien fue el escritor de “Los desaparecedores” y quien se negó a derrocar a Arturo Frondizzi en un golpe militar. Él estaba a cargo en Azul y fue torturado, estuvo preso y le hicieron la vida imposible. Por eso le brindo un homenaje.
Éramos muy amigos, él se instaló porque tenía un campo muy cerca del pueblo, y conversábamos siempre, nos juntábamos en el kiosco y nos pasábamos horas hablando. Todavía en ese momento la pasaba mal porque no sabía si lo iban a venir a buscar para matarlo acá.
A él lo dejaron por muerto. Lo habían dejado con una conmoción cerebral, le dislocaron los brazos, estuvo tres meses internado en terapia intensiva, la pasó muy mal. Todo en la época de la represión. Él y el hermano estaban en el ejército. Él era capitán.

RECUERDO AMARGO
En la época de la represión, había un grupo de chicos, que dentro de él estaba mi señora, éramos novios y ella estudiaba Magisterio en Lincoln, y acá no había biblioteca. Entonces nos planteamos por qué no había una biblioteca en Ameghino, porque no había dónde buscar material para estudiar. Entonces salimos a buscar libros y la gente nos empezó a donar.
Había una biblioteca en el ferrocarril que estaba abandonada. Yo era amigo del jefe y me dijo que me llevara el mueble y todos los libros porque ahí se iban a echar a perder, y me dio todo. La fundamos, funcionaba en el Centro Empleados de Comercio y es lo que hoy funciona en la esquina, que es La Biblio.
Cuando vino el régimen militar, nosotros teníamos el kiosquito en la plaza. Un día estábamos con mi señora y llegó un Falcon sin patente. Se bajaron dos ‘gorilones’ de pelo corto y anteojos negros y dijimos “estos son militares”, y no nos equivocamos. Preguntaron por mí, les dije que era yo, por mi señora, y nos dijeron que nos tenían que llevar a hablar muy seriamente. Nos llevaron a dar una vuelta en ese famoso Falcon, que fue el viaje más largo de mi vida, y nos dijeron: “tienen 24 horas para que este material que ustedes tienen, desaparezca”, y traían todos los títulos de los libros, una información, total. “Teniendo este material encima, hacen de cuenta que tienen una ametralladora debajo de la almohada”. Tuvimos que estar dos días quemando libros, yo le puse “la noche de los libros”, la pasamos muy mal. Estuvimos 24 horas quemando libros en dos tambores; libros, tal vez, inéditos, algunos manuscritos, impresos en España, encuadernados en cuero. Pero en el momento que se fundó la línea del ferrocarril, y los gremios ferroviarios empiezan a mandar bibliotecas a todas las estaciones, fue cuando tenía mucha fuerza el socialismo y el comunismo, ¿y de qué hablaban mal esos libros?, de los curas y de los milicos. Esos son los títulos que ellos traían. Nos dijeron: “Los libros o ustedes”, y los tuvimos que quemar.

EL GLIPTODONTE
A raíz de que yo voy a las escuelas y doy charlas, porque no puedo ir con todo el material, aunque lo he hecho, y le hablo a los chicos de la importancia que tiene preservar todas estas cosas, de cuidarlo, porque es nuestro y de ahí venimos. Yo siempre digo que para saber adónde vamos, tenemos que saber de dónde venimos.
Un día un tractorista estaba haciendo una excavación de 50 metros de largo, 20 de ancho, y 5 metros de profundidad para un deshecho de feed lot. Y a los 5 metros ve una línea blanca que aparece sobre la greda, donde había pasado la pala mecánica, y le saca un pedazo de caparazón, y le llamó la atención. Entonces llamó a la hija, que venía a la escuela y había estado en una charla de las que daba yo, y le dijo que no pasara más porque podía romper algo que era importante, que me llamara a mí, porque yo andaba en esto. Fui para corroborar qué podía ser, descubrí parte del caparazón y me di cuenta que era un gliptodonte.
Llamé a los equipos de paleontología de La Plata, vinieron y tuvimos la suerte de poderlo recuperar. Fue un trabajo muy arduo porque había que prepararlo para poderlo rescatar, había que armarlo con espuma de poliuretano, había que poner yeso, metal desplegado, y la Municipalidad se portó bien porque nos bancó los materiales y la venida de esta gente, en aquel momento estaba Paula Acosta como secretaria de Cultura, y acá está, pudimos rescatarlo.
Hace 25.000 años, que es la edad de este bicho, esos 5 metros eran la superficie, y en esa dirección corren las vertientes, entonces eso era un caudaloso río, o un arroyo. En esa dirección apareció, acá en el pueblo, pero en el año 20, haciendo un pozo ciego, un caparazón de Gliptodonte. Pero al no saber, lo hicieron pedazos. Hace 50 años, en esa misma dirección aparece en La Isleta, una estancia de los Harrison, aparece a 5 metros de profundidad, otro Gliptodonte. A pico y pala, los empleados no sabían, encontraron unos huesos, y rompieron todo. Ahora, en esta misma dirección, pero un poco más acá, apareció este.
A ese río que hace 25.000 años corría en esa dirección, iban a comer, a tomar agua y aparentemente, por una correntada, lo dio vuelta y se murió como una tortuga que se da vuelta.

EL CIERRE
Capelo luce orgulloso su espacio, el fruto de varios años de trabajo y muchos más de historia. “Mientras pueda, estaré en este lugar desde la mañana temprano hasta el mediodía, y a la tarde, desde las 3:00 hasta las 9:00 de la noche”, cuenta mientras despide al cronista.
Y así, El Ojo pudo repasar una parte de las miles de historias que este personaje ameghinense tiene para contar. El resto, deberá vivirlo cada uno, en primera persona, visitando ese mágico lugar. Las puertas están abiertas y el trabajo ya está hecho.







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