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17-07-2020 - JUDICIALES
Crudo relato de la mujer que denunció al cura de Ameghino: "Tiene que dejar de estar con niños"



Eugenia Castagnaro contó las situaciones que la hicieron llevar a Gabriel María Ghilardini a la justicia. "Era el único lugar que yo tenía para escapar de las situaciones de violencia en mi casa, me desarma que me pregunten por qué volvía", dijo.


La causa de abuso contra el sacerdote que se desempeñó hasta hace poco tiempo en Ameghino, Gabriel María Ghilardini, sigue su curso, luego de que haya sido denunciado ante la justicia por una mujer de 31 años de la ciudad de Campana por "abuso sexual", en un hecho que habría ocurrido en el año 2000 en la localidad de Capilla Del Señor, cabecera del distrito de Exaltación de la Cruz, cuando la denunciante tenía doce años de edad.

En los últimos días, la mujer que denunció a Ghilardini decidió dejar el anonimato y le puso el nombre, el apellido y el rostro a la víctima. Tras 20 años de silencio, Eugenia Castagnaro contó los abusos que sufrió cuando tenía apenas doce años.

La mujer habló con la radio Vale Nueve de Julio, que gentilmente cedió a El Ojo el material de la entrevista. Allí, Castagnaro contó los abusos los que había sufrido en su niñez, cuando asistía a las clases de catecismo en la localidad de Capilla del Señor, donde conoció al cura Gabriel Ghilardini. "Me había mudado al pueblo, era muy tímida y no conocía a nadie. En mi casa se vivía un ámbito de violencia y él siempre se mostró muy cercano a los chicos, no solamente conmigo, entonces me generó confianza para contarle lo que vivía en casa y los problemas que tenía con mi familia", recordó.

Contó que el cura le "regalaba golosinas y siempre era muy amable". "Me acuerdo que para mi cumpleaños me regaló un librito blanco que tenían oraciones para los santos y hasta me lo dedicó", detalló. En ese contexto, señaló: "Iba al colegio que estaba muy cerca de la Iglesia, cuando salía tocaba timbre, y él me atendía y me hacía pasar a la oficina, era mi lugar de desahogo donde él me escuchaba", indicó Castagnaro.

"Un día me pidió permiso para abrazarme, y al hacerlo, me tocó por debajo de la remera; me quedé petrificada, me alejé, pero él me abrazó de nuevo y me besó en la boca", relató.

Agregó que luego de ese primer episodio, ella volvió a la oficina de la Parroquia. "Era el único lugar que yo tenía para escapar de las situaciones de violencia en mi casa, me desarma que me pregunten por qué volvía, no lo sé responder, aún no sé responder eso, tenía miedo de tener la culpa, o de lo que fueran a pensar. Cuando volvía, a veces se aprovechaba de mí y a veces no, un día decidí no ir más porque me sentía mal con lo que estaba pasando, además me asusté porque me invitó a pasar a su casa. Hoy me doy cuenta que nunca generé ni hice nada para que me pasara eso", dijo.

La mujer expresó que lo que busca es que haya justicia. "No me interesa si sigue dando misa o no", dijo, pero alertó: "Tiene que dejar de estar con niños, no los tiene que tocar. No es justo que siga con su vida normal y que haya chicos que estén sufriendo como sufrí yo". Castagnaro detalló los motivos que la llevaron a elegir el camino de la justicia: "Me cansé de esconderme, yo no provoqué todo lo que pasó y no hice nada malo".

La mujer forma parte de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, y desde ese espacio, encontró contención y fuerzas para seguir adelante. Bajo esa protección dijo que "hacer la denuncia te alivia un montón, poder sacar todo eso de adentro ayuda muchísimo". "Es el primer paso para sacarse todas las inseguridades, en mi caso me costó muchos años lograr que un hombre me abrace y me sintiera bien; también me cuesta que me hagan regalos, me siento incómoda porque siento que tengo que dar algo a cambio o que es por algo. Ahora me doy cuenta que eso me pasa porque me recuerda a cuando él me regalaba golosinas para ganarse mi confianza", aseguró Castagnaro a Vale Nueve de Julio.

Por su parte, la psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, Liliana Rodríguez, afirmó que "hay otras víctimas de este cura que están haciendo su proceso y aun no hicieron la denuncia". Además ratificó: "Sabemos que hay más porque podemos afirmar que quien abusa una vez lo vuelve a repetir".

Por otra parte, explicó que "los abusos no necesariamente incluyen una actitud agresiva, en este caso, las caricias, los tocamientos, los besos también fueron un abuso porque confundieron a la víctima, vulneraron su confianza, avasallaron su intimidad, su cuerpo y su subjetividad".

"Nunca hay consentimiento cuando hay diferencia de poder, mucho más en este caso por el poder que da la embestidura de sacerdote. No importa la edad que tenga la víctima, lo importante en este tipo de abusos, es la diferencia de poder", remarco Rodríguez.

La Red de sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico de Argentina, un espacio conformado por víctimas de distintos lugares del país que se unieron en busca de asesoramiento, contención y acompañamiento profesional y de pares. Para formar parte no hace falta haber radicado la denuncia formal en la Justicia y está integrada por alrededor de 150 personas sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico en Argentina.

"En la Red los y las estamos esperando, sabemos lo difícil que es poner en palabras las situaciones traumáticas que se vivieron. Pueden comunicarse por cualquier inquietud o duda a la página de Facebook ‘Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina´", concluyó Rodríguez.







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