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29-04-2020 - FUTBOL
Con aquel gol del "cusco"



Una historia hecha cuento, por Juan Mansilla

Ameghino, 30 Abr (La Marca).- El "pali" se calzó la gomera y cruzó la plaza rumbo a su casa. Quedamos en volver a encontrarnos el domingo a las 12.00 en la puerta del club. "Mandela" tenía muchas dudas. Antes de que el "pali" siguiera su rumbo, alcanzó a preguntarle con un fuerte grito: "¿Seguro que hay lugar para ir a Roberts? "


El domingo era la final del campeonato de la Liga "ameghinense" de fútbol. El "fortín", nuestro equipo, visitaba a San Martin de Roberts, en el "matadero".


Con un empate, el equipo del "ruso" levantaría la copa, que por esas casualidades, había perdido ante el mismo rival en una final en el año 86.


- ¡Tranquilo, vamos a ir!- Le dije a "mandela" con mucha seguridad, mientras caminábamos rumbo a nuestras casas.


Justo, cuando pasábamos por la casa "Gomara", cruzamos al "cusco", que estaba en bicicleta charlando con "paquico" que entraba el tractor a la conocida casa de ramos generales de Ameghino, nuestro pueblo.


¡Vamos muchachos que el domingo tenemos que ganar! Les gritó "mandela" ante la sonrisa del "cusco" y "paquico", dos de nuestros jugadores. Así todo, "Mandela" no paraba de pensar en la promesa del "pali", su rostro serio y sus pasos acelerados no hacían más que confirmar su estado de inseguridad.


El papá de "pali" manejaba el micro del club y era miembro de la comisión. Una semana antes del partido le preguntamos a "pali" si podíamos viajar con él en el micro del club. Ante tanta insistencia, nos afirmó sin pestañar que sí, pero nunca supimos si efectivamente había hablado con su papá.


- ¡Tenemos que ver el partido como sea!- soltó nervioso "mandela", mientras cruzábamos las vías del tren.


Tenía razón. No podíamos dejar de ver esa final. Era una cita obligada para todo el pueblo "fortinero". Ese año no faltamos a ningún partido. Locales o visitantes. Con lluvias y sin lluvias. Con unas monedas y sin un peso, siempre presentes.


Cuando el "fortín" jugaba de local, salíamos temprano de nuestras casas, íbamos por la calle 5 quedaba atrás de uno de los arcos de la cancha. Saltábamos la cuneta y nos colábamos por debajo de las bolsas alpilleras. Sobre esa calle quedaban estacionados los camiones jaulas de Trillo, que eran una especie de platea improvisada para aquellos que no podían entrar a la cancha.


De visitante, cada uno viajaba por su lado, siempre alguien nos llevaba, hasta en camión viajamos por los polvorientos caminos de la zona, con rumbo a Blaquier, Coronel Granada o General Pinto.


- ¡Si el "pichu" esta afilado o el "vasco" tiene un tiro libre cerca del arco, San Martín no nos puede ganar, no nos puede ganar!- Le dije a "mandela", tratando de que se olvidara al menos un rato del viaje del domingo, mientras seguíamos caminando casando de tanto en tanto alguna que otra paloma.


- ¡Si "paquico" mete una diagonal, o el "yiyo" rompe la línea de defensa con su velocidad le podemos embocar unos cuantos!- Agregó "mandela" a la ilusión imaginaria que rondaba nuestras mentes, mientras llegábamos a nuestras casas.


Sin embargo, los dos sabíamos que la parada del domingo no era fácil y la ventaja que sacamos de local ante San Martín en el partido de ida no era amplia. Habíamos ganado 1 a 0 en un partido para el infarto.


Aunque los antecedentes de esa temporada nos mantenían la ilusión encendida. El 3 a 2 ante nuestro clásico rival, después de perder 2 a 0, en el primer tiempo, con dos golazos de tiro libre del "vasquito". El triunfo ajustado ante el "villa Francia" de los hermanos García y del "totilla" Gutiérrez, con un frentazo del "pichu" sobre el final. Y, la victoria en semis ante el Deportivo Pinto del "loco" Calvo por 4 a 2, justo en plena puja política y autonomista con General Pinto, eran parte de los activos en nuestro libro diario.


-¡Seguro que no se nos escapa!- sentencié mirando al cielo como pidiendo una ayudita al barba.


El equipo del "ruso" tenía argumentos sólidos para sostener esa hipótesis. Era un equipazo en todas sus líneas. La "araña" Castro en el arco era una garantía. La firmeza de Lucio y el "Beto" en el fondo generaban temor a los delanteros rivales, y cuando faltaba alguno el "perro" los reemplazaba sin titubear. La verticalidad y rapidez del "chueco" y el "lalo" por los laterales generaban juego por afuera, sumado a la capacidad de conducción de Ariel en el medio, la gambeta y cabeza fría del "vasquito, la picardía de "paquico", la velocidad del "yiyo" y la puntería del "pichu" el máximo artillero de aquel campeonato, eran un combo letal para cualquiera que lo enfrentaba. El "cusco", queda para el final.


-Anda a dormir, mañana vamos temprano al club por las dudas- Se despidió "mandela", tras los matecitos y que a pesar de la charla seguía con dudas de poder viajar.


El domingo a las 11 en punto nos encontramos en la estación como lo planeamos, salimos apurados cortando campo por atrás de los galpones de silo. Al llegar, la entrada al club estaba llena. Autos, camiones y el colectivo celeste y blanco esperando.


Ni bien nos divisó, el "pali" nos llamó desde la puerta del micro. Subimos y al fin "mandela" pudo respirar tranquilo. Ibamos rumbo a Roberts a ver la final soñada, la final de nuestras vidas.


Llegamos al "matadero" tras una hora y media de viaje. La cancha estaba llena. "Mandela" se quedó justo en el medio en un huequito que entró de milagro. El "pali" se fue atrás del arco con la brava, el "mocho", el "richy" y el "taca" que no paraban de cantar y arengar al resto de la parcialidad. Yo no tuve otra que subirme a un árbol para poder ver algo.


La tensión nerviosa aumentaba a medida que los minutos pasaban y que los dos equipos hacían los trabajos de pre calentamiento.


Salió primero San Martin al campo de juego, ante el aplauso ensordecedor y la locura de los de Roberts. Casaca con líneas roja y blanca, pantalón negro y medias al tono.


-¡Ojalá le erre a todas Fabián Pérez!- Gritó casi temblando "mandela" subido al alambrado olímpico. Pérez era el goleador de San Martin y junto al "flaco" Morán, el arquero y el "pollo" Gómez, eran la columna vertebral de aquel equipo dirigido por el prestigioso director técnico Cainga.


- ¡Ahí vienen, prepara el papel picado!- solté desde arriba de la planta. Mandela me miró al instante y el "pali" sin escucharme me levantó las manos desde atrás del arco como si supiera lo que estaba diciendo.


El "pichu" adelante con la cinta roja de capitán, la "araña" Castro atrás con buzo negro y el resto del equipo con la impecable y gloriosa celesta y blanca, con el "ruso" que seguía dando indicaciones, se lanzaron a la cancha.


Nuestros corazones palpitaban al mismo ritmo, cada vez más acelerados. El pecho se nos cerraba. No importaba nada ni nadie. Solo el "fortin", el albiceleste. Por nuestras cabezas, pasaban ese vestuario de piso de tierra, las noches frías que íbamos a ver los entrenamientos, las discusiones con nuestros viejos para que nos dejaran viajar a ver los partidos.


El recibimiento fue impresionante, la cancha se tiño de papelitos celestes y blancos y los bombazos lanzados por el "mocho", el "ricky" y el "taca" retumbaron en todas las esquinas de aquella localidad.


El partido arrancó. San Martin salió con todo. Era lógico, solo le servía ganar. Rápido encontró el gol. Un latigazo de Fabián Pérez dejó con poca reacción a la "Araña". El mundo se nos vino abajo. San Martín ganaba 1 a 0 y la parcialidad local deliraba.


El fortín resistió y tuvo algunas chances. Pero no podía entrar con peligro al área de Morán que cada vez más hacia tiempo y suministraba a su antojo el partido. Así se fueron los primeros 45 y nuestras caras lo decían todo. Era una final y se jugaba como una final.


Los segundos 45, fueron para el "fortin". Los del "ruso" salieron más decididos. Lo tuvo el "pichu", lo tuvo el "vasco", lo tuvo el "yiyo", pero Morán había cerrado el arco con una cortina metálica, imposible de penetrar


-Noooooo... La p... m... - Mandela lanzaba insultos de todos los colores hacia el cielo. Yo, en la planta ya no quería mirar. Y el "pali" atrás del arco no paraba de gritar contra el árbitro.


San Martín hacía su negocio, mientras esperaba astutamente el momento para descontar, pero atrás Lucio y Beto respondían cada vez mejor, qué manera de sacar pelotas y de llevarse alguna pierna encima.


La tarde se caía, el resultado parecía puesto. Todo indicaba que íbamos a un partido desempate en cancha neutral como aquel 86.


El "fortin" iba como podía. A pulmón. Como históricamente va nuestro club desde su inicio, un club de barrio que hace y subsiste como puede, pero con una pasión que empuja y empuja.


Faltaban sólo 8 minutos de juego, Ariel tomó una pelota en el medio y mandó un pelotazo al medio del área grande.


-¡Daleeeeee....! Gritó "mandela". El "pali" paró de cantar y yo me sostenía como podía en la rama de un árbol cada vez más frágil y a punto de quebrarse.


Ese domingo, el "cusco" tuvo una tarde inspirada. Jugó, tocó, marcó y metió. Y en ese momento estaba en el área. La pelota no bajaba más. Quedó suspendida en el aire. Los manotazos y empujones eran alevosos. No sé cómo y con qué, pero el "cusco" mandó la redonda al fondo del arco.


-¡ Golllllllllllll! Se escuchó como si el cielo se hubiera caido. "Mandela" saltó el alambrado con cien almas más. El "pali" hizo lo mismo. Yo quede arriba del árbol llorando, pensando en aquellas tardes de lluvia y frio, en el potrero, en mis viejos, en mi barrio, en mi club y viendo como llevaban al cusco en andas al grito... dale campeón... dale campeón...


 







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